Zoológico de Barranquilla: crisis financiera, traslado urgente y el reto del bienestar animal
El histórico recinto enfrenta una crisis económica, el aumento en la boletería y la urgencia de un traslado que la ciudad discute desde hace más de tres décadas.
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Por: Equipo de Redacción
Redacción Digital

En medio del tráfico constante de la avenida 76, entre edificios residenciales y una dinámica urbana que no se detiene, el Zoológico de Barranquilla sigue cumpliendo su misión. En un predio de apenas 1.600 metros cuadrados, este espacio alberga a más de 750 animales pertenecientes a cerca de 120 especies nativas y exóticas.
Durante más de 70 años, el zoológico ha sido referente nacional en educación ambiental, turismo y conservación. Hoy, sin embargo, atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia. Un déficit económico superior a los 1.900 millones de pesos pone en riesgo su sostenibilidad y reactiva un debate que nunca se cerró: la necesidad de trasladarlo a una sede adecuada.
Un legado que creció junto a Barranquilla
La historia del Zoológico de Barranquilla comenzó antes de su ubicación actual. La iniciativa ambiental liderada por Roberto Puyana tuvo sus primeros pasos en el Parque Suricalcedo, donde aves domésticas, pequeños animales y una mona llamada Toribia conformaron un primer esfuerzo de conservación.
En 1952, el proyecto se trasladó al Parque Vivero y, en 1953, abrió sus puertas en el barrio La Concepción. Para 1965, fue inaugurado oficialmente como zoológico, con 108 animales. Desde entonces, el recinto no ha cambiado de lugar, aunque la ciudad sí lo ha hecho.
La infraestructura, con más de siete décadas de antigüedad, limita cualquier posibilidad de expansión. Esta condición afecta la renovación de exhibiciones, la incorporación de nuevas especies y, sobre todo, la experiencia del visitante, que representa cerca del 70 % de los ingresos del parque.
Crisis financiera y aumento en la boletería
La situación económica del zoológico no es reciente. En 2023, el déficit alcanzó los 2.400 millones de pesos. En 2024, la cifra fue de 2.100 millones. Ante este panorama, la Fundación Zoológico de Barranquilla anunció un ajuste en las tarifas de ingreso.
La boleta para niños pasó de 30.000 a 36.900 pesos, mientras que la de adultos subió de 35.000 a 42.900 pesos, un incremento cercano al 20 %. Según explicó su directora, Farah Ajami, la medida responde directamente al aumento del salario mínimo y a los costos operativos.
El zoológico depende en un 70 % de los ingresos por taquilla. Además, gran parte de sus gastos están ligados al personal necesario para garantizar alimentación, atención médica, seguridad y cuidado diario de los animales.
Ajami ha sido enfática en un punto: el bienestar animal no está en discusión. La prioridad sigue siendo mantener estándares óptimos, aunque la infraestructura abierta al público sea cada vez más costosa de sostener.
Conservación en riesgo
Aunque el Zoológico de Barranquilla cumple con los estándares de la Asociación Latinoamericana de Parques Zoológicos y Acuarios, su ubicación actual limita el avance hacia certificaciones internacionales más exigentes, como las de la Asociación de Zoológicos y Acuarios de América.
Para Christian Olaciregui, director de Biología y Conservación, las nuevas exigencias en bienestar animal requieren más espacio y mejores condiciones, algo difícil de cumplir en instalaciones con más de 70 años de uso.
El parque alberga especies clave dentro de programas de conservación ex situ, necesarias como respaldo frente a la extinción. Entre ellas se destaca el paujil de pico azul, ave endémica de Colombia que enfrenta un riesgo crítico de desaparecer.
Aunque existe un programa de conservación que involucra trabajo comunitario y reproducción bajo cuidado humano, la falta de espacio limita los procesos de reintroducción a la vida silvestre.
Un traslado urgente y una oportunidad sobre la mesa
La reubicación del zoológico no es una idea nueva. Desde hace más de 33 años, la ciudad discute esta necesidad. En 2013, estudios técnicos, de mercado y georreferenciación concluyeron que el nuevo espacio debía ubicarse dentro de Barranquilla o su área metropolitana, con acceso a transporte público.
En los últimos días, el tema tomó un nuevo impulso. Farah Ajami reiteró en Emisora Atlántico que el traslado debe ejecutarse en el corto plazo para garantizar el bienestar animal. Además, confirmó la disposición de Argos para avanzar en una posible solución.
El lote propuesto se encuentra entre Ciudad Mallorquín y la ciénaga, una franja que cumple con varios de los criterios técnicos exigidos. Desde el ámbito informativo, el periodista Jorge Cura señaló que este avance podría destrabar una deuda histórica de más de 40 años, a la espera de definir los detalles con el Distrito.
La voz de quienes lo visitan
Mientras se define su futuro, el Zoológico de Barranquilla sigue recibiendo visitantes. Algunos ciudadanos expresan preocupación por el aumento en la boletería y el estado de ciertas áreas.
Abuelos, padres y cuidadores coinciden en el valor educativo del espacio, especialmente para los niños. También reconocen que el zoológico se ha quedado pequeño para una ciudad que crece y para una experiencia que necesita renovarse.
Creer en las segundas oportunidades
Más allá de cifras y terrenos, el Zoológico de Barranquilla recuerda por qué existe. Muchos de los animales que hoy viven allí llegaron tras ser víctimas del tráfico ilegal y la tenencia indebida de fauna silvestre.
Desde sus redes sociales, la fundación insiste en su mensaje: creer en las segundas oportunidades es proteger la vida silvestre. Cuidar, rehabilitar y contar la historia de cada animal hace parte de una misión que busca un futuro donde los animales sean protegidos, no poseídos.
Un cierre que interpela a la ciudad
El traslado del Zoológico de Barranquilla no es solo una mudanza. Es una decisión que involucra bienestar animal, conservación, educación ambiental y acceso ciudadano.
La ciudad tiene ante sí la posibilidad de saldar una deuda histórica. Definir un nuevo hogar para el zoológico significa garantizar que este espacio siga siendo un refugio para la vida silvestre y un aula abierta para las futuras generaciones.

