Novienes Díaz: Diomar García recordó cómo cubría los retrasos y ausencias del Cacique en concierto
El reconocido empresario de conciertos compartió detalles inéditos sobre su trabajo con los artistas más grandes de Colombia.
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Por: Erika Mesa Díaz
Creativa Digital

La industria de la música en Colombia guarda historias que trascienden los escenarios. Detrás de cada presentación exitosa existen años de trabajo, riesgos financieros y, en muchos casos, anécdotas que los empresarios del medio recuerdan con una mezcla de admiración y nerviosismo. Diomar García, promotor con más de 30 años de trayectoria, conoce de cerca esas historias.
Su carrera incluye desde la producción de conciertos de artistas internacionales como Vicente Fernández, Bad Bunny y Karol G, hasta el trabajo constante con figuras del vallenato y la salsa. En una conversación reciente con la revista Semana, García compartió detalles inéditos sobre varios de los artistas más grandes de la música colombiana, incluido Diomedes Díaz. Los relatos ofrecen una mirada a la complejidad de trabajar con leyendas cuya genialidad artística a menudo venía acompañada de un carácter impredecible.
El legado y los desafíos de trabajar con Diomedes Díaz
Diomar García conoció a Diomedes Díaz en dos etapas muy distintas de su carrera. Al inicio, cuando el cacique de la junta atravesaba problemas judiciales, sus presentaciones alcanzaban un valor de 200 o 250 millones de pesos. Hacia el final de su vida, ese costo había descendido a 35 o 40 millones por show. García recuerda que, a pesar de los inconvenientes logísticos, la relación con Diomedes siempre estuvo marcada por el respeto y la cercanía.
"Él era una persona muy dada a lo que hacía. Cuando estaba en los escenarios era feliz, era muy amigable, no era nada inalcanzable", afirmó el empresario. Incluso mencionó un dicho popular entre quienes lo conocían: "uno no decía si yo estaba molesto con Diomedes, no aguantaba un abrazo del cacique para que me pasara la rabia".
La impuntualidad fue una constante en los conciertos de Diomedes Díaz. García relató que en varias ocasiones el artista no llegaba a la hora pactada, y el conjunto musical esperaba sin el vocalista. En un evento en Santa Marta, la ausencia de Diomedes obligó a Peter Manjarrés y a Silvestre Dangond a cubrir su presentación, cada uno interpretando una tanda del cacique y otra de su propio repertorio.
La situación se repitió en un tsunami vallenato en Bucaramanga, donde el hijo del artista, que había estado con Juan Luis Guerra el día anterior, reemplazó a su padre para salvar el concierto . A pesar de estos contratiempos, García asegura que siempre existió un colchón financiero para cubrir las pérdidas, y que la devolución del dinero a los asistentes era el procedimiento habitual en esos casos.
Joe Arroyo y la odisea de una noche en Cúcuta La anécdota más extensa que compartió Diomar García tiene como protagonista a Joe Arroyo. El hecho ocurrió en una discoteca de Cúcuta con capacidad para 1.000 personas, donde ya se habían vendido 700 entradas dobles, es decir, el aforo estaba prácticamente duplicado. García acudió al aeropuerto a recoger al artista, pero solo vio bajar a los músicos y al manager. La respuesta fue que Joe Arroyo llegaría en el siguiente vuelo, un vuelo que no existía porque el aeropuerto cerraba a las 7:00 de la noche. Ante la emergencia, el promotor alquiló una avioneta para trasladar al cantante desde Barranquilla hasta Cúcuta, pero la aeronave no logró aterrizar a tiempo debido al cierre de la torre de control .
La solución fue enviar dos taxis a Bucaramanga, donde la avioneta había aterrizado, para que recorrieran las cuatro horas de carretera hasta Cúcuta. Durante el trayecto, Joe Arroyo hizo paradas cada diez kilómetros para beber y fumar, lo que alargó el viaje de manera considerable. Finalmente, el artista llegó a la discoteca pasada la medianoche, en estado de embriaguez.
García y su equipo lo subieron directamente a la tarima, y Joe Arroyo ofreció un show de tres horas que, según el empresario, fue incluso mejor que cuando llegaba temprano y puntual. García confesó que, a pesar de todos los inconvenientes, volvió a contratar a Joe Arroyo en varias ocasiones porque su talento era tan grande que valía la pena el riesgo. "Había que rezarles para que llegaran. Lo que sí es que ayudaban a vender boletas. Eran muy buenos, pero demasiado buenos", concluyó el promotor.
Lecciones de un empresario con tres décadas de experiencia Las vivencias con Diomedes Díaz y Joe Arroyo reflejan una realidad que pocos conocen: el negocio de los conciertos es de alto riesgo y requiere una preparación que va más allá de la simple contratación de un artista. García comparó la trayectoria de un promotor con el proceso educativo: primero se asiste al jardín, luego a la primaria, al bachillerato, a la universidad y, finalmente, a las especializaciones.
En el mundo de los espectáculos, eso significa empezar con presentaciones en discotecas y eventos pequeños para ir creciendo de manera gradual. "El que quiera incursionar en esto debe empezar con cositas pequeñas, ir creciendo, no querer hacer cosas muy grandes porque un riesgo de esa magnitud los puede dejar de una vez empeñados para toda la vida", advirtió el empresario.
La disciplina, la seriedad y la paciencia son, para García, los pilares de un negocio que exige cumplir con el público y con los artistas, incluso cuando las circunstancias se complican. Su mensaje para los jóvenes que aspiran a incursionar en la industria es claro: "Hay que ser muy correctos, cumplirle a la gente, cumplir con lo que toque, sacrificar a veces cosas porque cuando se comprometen a hacer algo queden bien, que eso después se les va a retribuir así no sea en el instante".

